El entrañable Justino trabaja de noche como guardia de seguridad en una antigua fábrica de maniquíes. Cada día cuando suena su despertador a las 22:00 horas se levanta para acudir puntual a su puesto de trabajo.
En la fábrica está solo, pues todos los trabajadores realizan su jornada laboral por las mañanas, su única compañía son los maniquíes que pronto se convertirán en una original herramienta de comunicación con sus compañeros de turno de día.